«Graduación curso 2020»

«Graduación curso 2020»

 

 

Después de la eucaristía, me toca dirigiros unas palabras a mí. Es un poco
extraño, no pega mucho hacer un discurso en la capilla, pensaba en un
principio… después, me di cuenta de que era una oportunidad que se me
brindaba y, como tal, la voy a aprovechar.
Voy a ser muy breve, pero os voy a dar una última clase o mejor, “clasecita”.
Estoy segura de que todos vosotros tenéis una sensación extraña hoy al volver
al Colegio y, sobre todo, porque, por protocolo, no podéis pasear por él. Ni ir
a las clases ni al patio…
No pasa nada, hoy os invito a detenernos en este entorno que nos acoge y
que, sin duda, es uno de los espacios más bellos del Colegio, mejor logrado.
Nuestra capilla.
Un espacio de silencio y oración, un espacio de música y acción de gracias,
un espacio de arte.
Y me quiero detener en algo muy concreto. No vamos a hablar de las vidrieras,
ni de la luz, ni de las maderas ni de las bellas imágenes de esta capilla.
Hoy quiero que detengáis la mirada en el sagrario.
Un sagrario precioso, sin duda. Encierra lo más importante del Colegio, y el
artista que lo diseñó quiso representarlo con una espectacular geoda.
¿Os habíais fijado? Una preciosa geoda de cuarzo.
Siempre me han llamado mucho la atención las geodas, son como una
metáfora del ser humano.
– La geoda es una roca hueca, redondeada. El hueco en el que se forman
los cristales se ha producido por una erupción, por una madriguera, por la
raíz de un árbol, por la disolución de sus materiales.
Nosotros tenemos que abrir un espacio en nuestro interior para que se
formen estas maravillas. El hueco que producen los desengaños, el
sufrimiento, la soledad. A veces duele hacer el hueco pero hay que dejar
espacio.
– Para que se forme una geoda la roca ha de ser necesariamente permeable
y soluble. El agua, cargada de sales, va penetrando en esa piedra porosa
y, al disolverla y evaporarse es la responsable de la formación de cristales.
Nosotros si nos cubrimos de la lluvia, si nos resistimos a disolvernos
impediremos que se formen los cristales. La lluvia de la gracia de Dios, de
los buenos consejos de los amigos, de los padres y proferores, de la
escucha y oración. Todo eso puede ir disolviendo nuestros materiales y
hacer bellos cristales.
– Cada geoda tiene un color, un tamaño, una forma. Depende de su
composición, de las sales que lleva disueltas el agua, de la temperatura y
la presión a la que ha estado sometida.
No hay dos personas iguales, cada una por su herencia, por sus
circunstancias, por su edad, por las presiones a las que está sometida…. Y
no debemos romper esta belleza intentando igualar a todos.
– La geoda tiene que romperse para dejar ver su belleza.
Da susto, pero si nos empeñamos en protegernos, si nos dejamos llevar
por el miedo, si nos cuidamos tanto que no nos rompemos para
entregarnos, sólo aparecerá ante los demás la tosca superficie de la roca,
semejante a cien mil rocas, áspera y hostil.
– La geoda suele ser fea por fuera, no es fácil reconocer la belleza de su
interior. Solo un geólogo cuidadoso es capaz de descubrirla.
Como todos nosotros, como la mayoría de los hombres. La apariencia no
revela el interior. “Lo esencial es invisible a los ojos”.
Hay que saber mirar para descubrir la belleza y el valor de una geoda.
Aprender a reconocer geodas es un arte y una ciencia. Mirar bien, apreciar
algo especial en su forma, en su color, en su situación… Y abrir esa roca
con cuidado y precisión para no romper ningún cristal.
Esa es nuestra vocación de educadores, descubrir la belleza interior de
cada alumno, ayudarle a comprenderla y a potenciarla.
– Una geoda requiere mucho tiempo para su formación.
Nosotros hemos de aceptar la limitación, el mirarnos un día y otro y no
apreciar los cambios que se van produciendo en silencio. No podemos
exigirnos ni exigir, no podemos pretender acelerar algo que sucede en los
“tiempos de Dios” para quien “un día es como mil años”.
Ya llego al final de esta reflexión invitándoos a descubrir vuestra propia
belleza interior y a entregarla generosamente a los demás.
Vuestras familias, vuestros amigos, la sociedad entera, confía en vosotros.
Ojalá el Colegio haya contribuido un poquito a la formación de bellos
cristales en vuestro interior. No los guardéis para vosotros. Acordaos que
hay mucho más gozo en dar que en recibir y que, como decía Madre
Alberta, labraremos nuestra felicidad a medida que labremos la de los
demás.
Que la Virgen os cuide y os acompañe siempre.

Hna. María Canel Ladrón de Guevara

Fotos graduación:  https://flic.kr/s/aHsmRLjWZU

 

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